Otra vez “Apocalypse Now”

Al igual que George Lucas, tampoco yo consigo desembarazarme de Apocalypse Now; es más, necesito reactualizarla cada tanto, año y medio más o menos, para escaparme de Saigón en una misión asesina y remontar el río Mekong junto Willard en busca de Kurtz. Ayer viernes, apovechando unas horas de soledad -a mi mujer le sucede con la recurrencia de esta película lo mismo que con la pizza que amaso: la soporta con estoicismo- clavé el DVD en la PC, parlantes al mango, pizzas frías y helado de almendras, y me dediqué, durante cuatro cortísimas horas, a alimentar mi sed artística. Y saqué algunas conclusiones de esta, tal vez, la vigésima vez que la veo… conclusiones seguramente influenciadas por el concepto de forma de la cátedra del gran Valverde. Primero está la genial banda de sonido, la cual excluye The End de los Doors, porque ese track, que suena en el prólogo y epílogo del tour de force ya es guión. Segundo, hay un guión, como en todas las pelis, la voz en off de Willard y lo que sucede entre los personajes… pero hay otro guión, un metaguión que cierra y profundiza y engrandece el de las palabras, me refiero a las imágenes, que Fancis Coppola maneja con una maestría revulsiva, casi punk. Otra consideración es la importancia de que el director eligiera ese tema de Los Doors para dar comienzo y terminar la tremenda odisea, y es que hay un paralelo entre ese disco de The Doors -el primero-, y Apocalypse Now; y es que tanto el vinilo como el film son insuperables…. -¿que más te queda luego de matar a tu padre y cogerte a tu madre?- dispara Robbie Krieger ante la insistencia del periodista en preguntarle porqué ningún disco de los Doors llegó a superar al primero en poesía; y lo mismo le sucede a Coppola con su apocalipsis vietnamita. No es que lo que filmó después de ésta no me guste, Golpe al Corazón, Peggye Sue, Drácula, me encantan, pero no llegan ni a hacerle sombra a Apocalypse, simplemente porque en este film Francis depositó toda su ideología, su vergüenza norteamericana, su odio a la sociedad y a la guerra y a los militares, todos sus problemas mentales y de drogas y de sexo e infidelidades, y también todos sus fantasmas acerca del éxito y del fracaso. Está todo ahí, la guerra y la muerte y el fin y el sexo y la locura y, porqué no, también la amistad y la insanidad religiosa y el delirio místico mesiánico. Para terminar, me sorprendí en tres partes del film lagrimeando por la emoción cuando caí en la cuenta de que la belleza de las imágenes son las imágenes del horror. Increíble plurivalencia de esta obra de arte que hasta te arranca suspiros con los desbocados fantasmas de una pesadilla que se vuelve adictiva con cada puesta en marcha.

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