La dificultad de lo difícil -miércoles-

Día sandwich, media semana, acabamos de llegar de Bellagamba y de un heladito en Cadore… mañana grabeta con amiga en casa, luego guitarra, más tarde papi y mami… y bondi, 123, chacarita, subte B, obelisco, microcentro, CONSUDEC, más guitarra, TCPD, filosofía con Trimarchi; y entonces el reverso exacto: CONSUDEC, microcentro, obelisco, subte, chacarita, bondi… noche, casa, mi chica espera, basta de semana, ducha, pucho, cama, libro, perilla de luz, out. Esto se repite los lunes, martes, jueves… con las variables con/sin padres, casi nunca grabetas con amigas, pero siempre está el miércoles de mitad de semana, como el jamón crudo entre las tapas de francés, como el lingham entre los gemelos silenciosos y vitales…
La dificultad no existe fuera de la mente, y me refiero a las nubes-pensamientos, insertas allí, en su especie, por una nefasta razón ideológica, y desde allí generando un mecanismo arbitrario que pretende ahogar los deseos de volar… pero a veces parece increíble como logran mover los cimientos algunos cimbronazos que vienen desde donde menos se espera. Y como siempre, tengo mil preguntas en el haber que no tienen respuesta… o la tienen y no las veo, porque son tan obvias como la nariz respirando entre mis ojos. Creo que puedo llamarme humano, ergo inquisidor inteligente. Ayer nomas, alguien me dijo que la inteligencia es la capacidad para hallar la verdad… menudo problema. Ya pienso en Pilatos preguntando que es la verdad y me veo en el espejo preguntando lo mismo en mi reflejo; y el Cristo desnudo y mudo, y de ahí al miedo un solo instante… y la culpa que brota y se muestra horrenda y negra y sibilante… como si fuese infinita.
¿Y en el debe? ¿que hay en el debe? ¿como resultan las matemáticas de la magia?… hay deudas impagables. Esa es la verdad. Son esas deudas que se gozan, porque alimentan la gratitud y la sensibilidad ante la belleza, esas deudas fecundan la humildad y, por qué no, la rebeldía de ser uno, de ser hijo, antena, USB, midi, fibra óptica, miembro, apéndice o seudópodo del mismo Ser que hizo a la estrella que me ilumina todas las mañanas por el flanco izquierdo mientras toco mi guitarra, y que, según dicen los entendidos, hizo todo para mí. Por eso fuera con la culpa y con el miedo y con la frustración: jamás pagaré, eso está claro. Ahora mismo brillan las estrellas en el cenit… brillan para mi. Y la deuda, señoras y señores, está saldada.

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