Uno menos

Últimamente me pregunto cual es el límite exacto de todas las cosas… cual es el límite del cuerpo, de la espera, del amor, de la amistad, de la nostalgia, del silencio y la paciencia… cual es el límite exacto en donde la tolerancia deja de fecundar las relaciones humanas para pasar a pudrir la planta desde la raíz hasta la copa… ¿existe un límite para la bondad, para el perdón, para la furia?. En el recuerdo de esa tarde está el cielo negro, el tiempo muerto de domingo, la indefinición, el aire extático, la incomunicación, la duda. Y el dolor como una garra incoherente que derrota al sentido común -¿existe eso que llamamos sentido común?- y da paso a un camino mas afín a lo ridículo que a lo dramático. Vivimos una vida que es sin manual ni tutorial, e improvisando sobre la marcha tratando de descubrir el sentido, si lo hay, o las reglas, si las hay, gastamos lo poco que tenemos, el presente, en humores de cagada. Yo no estoy exento a tamaña indignidad… soy uno más en el río sin nombre, y cuando llegue el fin seré, como todos, uno menos. Así de ridículo e inasible el olvido.

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