Miramar, dos días

Fin de semana largo en Miramar… subimos al micro en Retiro pasado el mediodía, y en un instante -prueben viajar en micro desde Buenos Aires hasta La Paz- llegamos a la terminal. Ocho de la noche. Caminamos hasta la casa de Diego, frente a la plaza, y nos recibió junto a Simón; luego nos mostró nuestro lugar, tomamos unos mates, nos contó de las identidades de Simón y de su aparente pasado en el MOSAD, charlamos largo y finalmente fumamos la pipa de la paz, que desde entonces no se apagó en todo el fin de semana. Y salimos a caminar, los cuatro, bajo las estrellas… frío, mucho frío, una heladera. Los edificios frente al mar elevados y vacíos como fantasmas de hormigón y el viento como una daga cruda y salada; pero cuando se está frente al mar y de vacaciones y hay amigos y vino y pipa no importan ni el frío, ni el hormigón, ni la soledad, ni nada. Volaron dos días de caminatas por la arena, de caminatas al vivero con el Cristo clavado en la Cruz justo en la puerta -y todo eso luego de ser vecino-, historias del bosque encantado y de las ramitas flotantes… pronto adquirimos membresía a muy bajo costo, membresía del pueblo y de las olas esmeralda, de la luz de la casa, del sol en la ventana, de la música funcional, de los fascinantes amigos de Diego, del supermercado y de los restaurantes. Hubo mucho vino tinto y también pastas con mariscos y verduras y lentejas, y más pipa de la paz, a la mañana, a la tarde, a la noche, a la madrugada… tanta que en un momento hasta creo que olvidé la natural destreza de articular palabras inteligibles. En fin, acá las fotos de los primeros dos días, continuará…

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