La Paz

Llegamos por la mañana, muy temprano, luego de una mala noche desde una mala despedida de Sucre. El micro se rompió a mitad de camino y los hombres tuvimos que bajar para empujar… finalmente llegamos a la ciudad, que se asemeja más a un sumidero de termitas que a una construcción humana; como un palimpsesto colmenar humano vertiginoso y caótico se eleva La Paz hacia el cielo como una ciudad-edificio, en donde basta elevar la mirada para ver casas y más casas apiladas sobre la cabeza y todo alrededor… pisos y pisos de pequeños habitáculos de ladrillo y cemento, pequeñas cuevas encendidas que, de innumerables, parecen ser infinitas… los diminutos puntitos de luz tornasol se alejan y se elevan cada vez más hacia arriba, suben y suben y se empequeñecen hasta casi llegar al cenit.
Esa noche pateamos, cenamos, hicimos las pases e hicimos fotos y fuimos a beber la copa de la paz al bar Diesel, tequila con locoto, y de fumar, fasos de coca armados a mano por el personal. Regresamos al hotel de los arcabuses un par de largas horas pasada la medianoche, bastante borrachos y caminando oscilantes por callejones solitarios y silenciosos de brillo multicolor, bajo un cielo estrellado empequeñecido por las luces del Alto, e implorando por llegar al colchón sin contratiempos, sin violencias, sin un rasguño siquiera.

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