La Paz… una lluvia a cada hora

Caminar en La Paz puede ser una experiencia límite por varias razones, tres de las cuales son: la altura, lo sinuoso de sus calles y la lluvia. El centro de la ciudad se encuentra a 3700 metros sobre el nivel del mar, dejando a El Alto, que rodea a la olla céntrica, muy por arriba de ese nivel. Luego hay calles que, normalmente, pueden presentar cuarenta y cinco grados de inclinación, y otras calles mucho más… pero tal vez lo más significativo, en enero, es que puede llover a cada hora, con esporádicas salidas del sol caliente y blanco del verano boliviano que obliga a desenfundarse de todos los abrigos para, nuevamente nublado y tormentoso, volver que reinstalar sobre el cuerpo agotado entre chuchos de frío extremo y la piel como gallina. Esa tarde recorrimos gran parte de la ciudad a pié, como siempre… la plaza principal con la casa de gobierno y sus dos banderas, la boliviana y la indígena; la iglesia San Francisco, bella y trágica; Charly y el Pity Alvarez en dos stencils argentos desde el revoque descascarado; imágenes del museo del instrumento musical, asombroso y gigantesco reservorio cultural de los instrumentos musicales latinoamericanos y de todo el orbe planetario… y el gato amigo de la amiga de mi mujer jugando con la correa de mi cámara de fotos, ajeno a la aburridísima maquinaria humana mental…
Este último verano estuvimos más de un mes en Bolivia, subiendo y bajando sus caminos, con guantes, bufandas y silencios, y agradecimos que con sus bajísimas temperaturas casi escapamos indemnes de la insufrible olla a presión que es Buenos Aires en la época del estío.

18 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17

Los comentarios están cerrados.