Un tour “lustrabota” por La Paz

Los lustrabotas de La Paz usan pasamontañas. Dicen que es por el polvo y por el sol, pero también muchos de ellos son niños y no quieren ser reconocidos. Otros estudian en la universidad y con el trabajo pagan los aranceles, entonces se cubren el rostro para no ser discriminados en el ámbito académico. Los hay viejos, también, ellos se cubren el rostro por vergüenza, por trabajar en la calle, por lustrar, por hacer un trabajo que es desmerecido en la jerarquía laboral boliviana. Hace unos años lograron poner en marcha un periódico que se llama “Hormigón Armado” y con el cual logran sacar chicos de la calle para insertarlos en el trabajo de lustrabotas. También organizan tours por La Paz, en los cuales garantizan una mirada única de la capital, la mirada de los que viven y trabajan en la calle. Nosotros contratamos el tour, pero en vez de venir el lustrabotas, vino la esposa de él, con un bebé y un niño muy pequeño -su marido estaba muy enfermo-. Ella nos contó, mientras nos llevaba a recorrer la ciudad, que de pequeña vivía en la calle, que era muy marginal y que el trabajo y el periódico le permitieron salir de esa situación. Caminamos durante horas, vimos una ciudad muy distinta de la que presentan los folletos de las agencias de viaje, recorrimos sus manzanas desde el mediodía hasta la puesta de sol. Fue una tarde maravillosa, y nuestra guía, un lujo. La Paz sigue hoy mismo marcando el ritmo boliviano, quiero decir, en este preciso momento… y desde acá, desde esta Buenos Aires hipermoderna por contraste, se extraña un montón.

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