Santa María, otro regreso…

Santa María, último viernes de julio de 2013.
Hace menos de media hora que acabo de llegar. Pienso… no vengo a esta pizzería desde 2012, mediados… casi un año.
El sitio siempre va mutando del original, aquel que conocí a mis veinte años; las flechas verdes de las marquesinas exteriores hace mucho que ya no están, le dejaron el sitio a las marquesinas rojas de coca-cola.
Los neones del interior persisten; los televisores mudos, eternamente sintonizados en Crónica TV.
El maestro pizzero sigue siendo el mismo… de los mozos hay sólo un par.
Cambiaron las listas de precios sobre la barra; las máquinas de facturar también, ahora hay monitores de plasma, PC; las fotografías son distintas en las paredes, aunque entre tanta novedad alguna persiste…
Y desde la última vez de nuevo cambiaron de firma. Los menús son nuevos aunque felizmente conservan el estilo original. Las mesas son las mismas, las sillas también; lo mismo las mesas para comer pizza al corte de parado; lo mismo las jarras de moscatel y las cubeteras de hielo.
Acá es evidente el paso del tiempo, igual que cuando me veo en el espejo… mis patillas pobladas de canas. Sin embargo el lugar sigue vivo, como yo, y es parte de mi -hoy lo perdono, meses atrás lo había condenado-…
Desde que entré y me ubiqué en mi silla, moscatel en mano, he sentido lo sagrado. Pienso que está bien que cambie un poco el lugar… todo cambia… el cambio nos prepara para enfrentar el fin… ¡que misterio morir!
Me da miedo, mucho. Y también me da la misma cantidad de curiosidad. Cada vez que vengo a Santa María termino pensando en mi muerte, y es un pensamiento liberador, para nada pesimista.
He pasado más de la mitad de mi vida amando este lugar… es, podría decir, un sitio de poder.
Santa María es, para mi, un lugar con corazón. Me renueva.

santa m

Los comentarios están cerrados.