“Oda al moscatel”

Una es santa, intocable, ámbar,
dulce y salvaje.
¿Me hacés mal?
bueno, pero me gusta.
Hay que morir, así que tomá tu parte
y hacé el resto. Y que sea en silencio.
La gente ama y odia en un instante…
hay indiferencia en el acto de los hermanos de mi raza.
Yo no, ¡perdonen!; es que vamos rodeados de chips,
cargados de plasmas, fatigados de níquel, ahogados de litio y de silicio y de microondas,
incomunicados de tanta co-mu-ni-ca-ción!
Y yo que no quiero… perdón amigos que no me aliste del todo;
en la civilidad presente los barrotes son todos de hierro
y van desde el techo hasta el piso,
y ya no hay aire para respirar.
Acá estoy, sí, soy yo. Soy un perdedor, soy un idiota,
un perfecto derrotado,
pero no me importa.
Ahora mismo mis venas cabalgan color ámbar en un acto absolutamente inútil
y sin sentido.
y voy camino al nido bajo las estrellas,
en un planeta musical que me pertenece desde niño.
Las guerras del mundo están frente a mi, patente,
el odio de los sexos, la competencia y la lucha.
La vida se acaba, me voy… ¡no tengo tiempo!
ahora mismo bebo mi moscatel con hielo y salgo a la calle:
me espera el lucero del alba y también la Luna.
Nadie me recordará, nadie, y está bien.
Este incompleto presente me basta,
este inasible presente me llena, este doloroso presente…
Este maravilloso planeta.
El sagrado misterio me cabalga.

oda

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