El Hostel “Junior” en La Paz

Nunca estuvo limpio del todo. Una de las paredes era de ladrillo hueco sin revocar; no tenía veladores… acostado, uno tenía que leer con la lamparita desnuda colgando desde el techo detrás del libro; con baño privado, ducha a gas caliente-fría elemental, un ventanal descomunal con vista al Illimani nevado, y la cama… bueno, una trinchera la cama. Pero así y todo persiste en el recuerdo ese sabor del hostel Junior con cartelitos bilingües castellano-hebreo; las mateadas en el bar, las escaleras fatigosas, el ruido de la ciudad de La Paz como una circuitería demencial colándose por la ventana a toda hora. Barato y a dos o tres cuadras de lo esencial. Y dibujado…

3 2

1

Los comentarios están cerrados.