Coroico in my mind

Yo no se que me pasó en Coroico… obviamente hubo un cambio de temperatura y de exuberancia vegetal, y dejando de lado a “los chuspis”, que te dejan la piel como una obra de Yayoi Kusama obsesionada con el color rojo, el resto fluye tan fácil, tan silencioso, tan cierto. Una amiga del facebook me escribía un par de día atrás algo que me gustó mucho: “navegamos en un planeta que nos lleva a otra civilización”, y tal vez para explicar mi sentir deba decir que en Coroico esta frase me llenaría de alarma y de preocupación… sentires que no existen, o parecen no existir, mientras se camina los antiquísimos caminitos de piedra Inca que recorren Los Yungas.
Estas fotos son del primer día… la llegada, la búsqueda del hotel, el asombro, el pueblo, la caminata obligada hasta los saltos y el regreso antes de la llegada de la noche. Son muchas, lo sé, pero hay muchísimas más… Bolivia es tan polifacética como perenne en humanidades, y esa característica muchas veces ha solapado mi deseo de fotografiar. No en Coroico. El polvo del camino en el aire, el atardecer sobre los cerros alfombra y los silencios nocturnos siguen germinando en mi interior con el mismo impulso que me hizo querer atrapar el todo en imágenes. Una banalidad, en definitiva… mis imágenes no le hacen justicia a esa entrañable realidad boliviana.

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