Bragado en la niebla

Cuanto frío y cuanta niebla esa mañana, caminando unos pocos kilómetros rumbo a la solitaria laguna, pasando por el monumento al “caballo Bragado”, que se dio muerte en un barranco arrojándose al vacío para huir de sus humanos captores que, estupefactos, volvieron corriendo a sus casas para contar la liminar y suicida valentía del equino. En fin, el caballo está ahora ahí frente a la ruta, en una actitud de “salto valiente”, posando tan muerto como desde el pretérito arrojo para el patético regodeo de padres y niños…
Esa mañana helada regresamos de la laguna y hicimos mates por ahí hasta que, pasada la siesta y ya caído el sol, cenamos una parrillada exquisita en “Lo de Juan”, bien regada con vino y acompañada con abundantes papas fritas y ensalada multicolor. Y luego, al sobre.

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