El camino a Tocaña

Ir a Tocaña caminando era una de las fijas del viaje. El pequeño poblado de Tocaña se encuentra a poco menos de 17 kilómetros de Coroico, su población afro-boliviana es descendiente directa de los antepasados esclavos traídos desde el África en el siglo XVI y ha logrado sobrevivir manteniendo su cultura ancestral entre el aroma del café, el sonido del tambor, el baile y las plantaciones de coca. Es un pueblo hermoso y solitario rodeado por un paisaje majestuoso que por momentos parece extrañamente oculto detrás de una bruma melancólica color azul. Salimos caminando desde Coroico antes del mediodía y nos fuimos internando de a poquito en la espesura de los Yungas bolivianos, bajando la montaña y atravesando su mismo corazón por milenarios caminitos de piedra que se remontan a la época del imperio Inca. Caminamos horas en estado de éxtasis contemplativo, cruzando decenas de saltos de agua plateada fluyendo entre la exuberancia desde las cimas distantes hacia el río allá abajo… por momentos una tranquila y fría llovizna empezaba a caer desde el cielo negro y cerrado para luego pasar, en pocos minutos, a entregar la posta a la plena luz del sol. Y las innumerables mariposas multicolores revoloteando todo alrededor como flores vivientes… y los monjes gallinazos planenado por las nubes en bandadas circulares de hábitos negros, ajenos a la tierra y a sus criaturas… y el concierto ininterrumpido de una millonada de violines-bichitos tocando sus cuerdas al unísono para nadie en particular y en un mágico desborde de improvisación amorosa. Llegando a Tocaña, el indio fiero en la pared; luego cruzamos el río Santa Bárbara y subimos y subimos sin aliento hasta ver todo el panorama desde arriba. A lo lejos, nieves eternas, heladas, inmaculadas… un mar de montañas sucesivas hasta el infinito, montañas de grafito azul, vírgenes e increadas… un enigma para el alma que se entrega, naturalmente, al libre gozo de respirar lo sagrado en medio de una maravilla aún no contaminada por el ruido, ni por la velocidad, ni por el hacinamiento demencial del competitivo, vertiginoso, desbocado y ruinoso progreso civilizado. Ojalá los Yungas logren escaparse de la autoritaria topadora de la modernidad para mantenerse por siempre vírgenes.

2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 16

15

17 18 19 21 22 23

27

24 25 26

Los comentarios están cerrados.