Nubes

Una de las características fundamentales de la nube es su falta absoluta de forma. Quién ha detenido por unos instantes las agujas del reloj que sólo marca el tiempo disponible para perseguir la zanahoria material, y se ha echado de espaldas en el pasto para verlas pasar en lo alto, sabe que es así. Las nubes pasan sin forma y sin camino… y dejan caer su vitalidad clara y fecundante desde su más negra realidad. Cuna del rayo, han sido en la prehistoria las generadoras y las maestras del arte del fuego. Hermanas del Sol, las nubes, desde la antigüedad, son metáfora del camino espiritual solo y certero. Está claro, desde ellas, que no hay camino cierto ni forma cierta ni reglas ni certezas para el que busca ser total. Ser fuego sin forma. Ser fecundidad espiritual. Pero claro, hoy muy pocos buscan ser totales; por el contrario, la indefinición ya es considerada, en estos impiadosos tiempos que corren, como una característica nefasta, una cobardía que excluye el patético color de una bandera, los tristes acordes de un himno patriotero, el rechazo a una estúpida camiseta multicolor que nada tiene que ver con el juego del pié y del balón, sino más bien con la guerra y la satisfacción machota del pene. Será por eso que ya casi nadie se echa de espaldas al pasto para contemplar lo sin forma flotando gratuitamente en lo alto. Una lástima… las nubes son y serán, hasta el fin de nuestro tiempo, el ejemplo perfecto de la libertad total. Cuando nos vayamos allí seguirán, flotando informes todo alrededor del globo.

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