Primera noche en Navarro

Al perder por ahí a los amigos perros, nos fuimos pateando para el hotel para darnos un baño y disfrutar de un relax, y luego salimos a buscar un lugar para cenar. Entre vueltas y fotos nos decidimos por “La Casona”, un bello lugar que mantiene su historia personal en sus pisos de madera, en sus legendarios cuadros -los colgaron allí los fundadores a principio de siglo-, en sus muebles y en su campera sencillez. Pero, lamentablemente, falló en lo más importante: la comida. Los platos estaban bastante cerca de ser muy caros, poco abundantes y para nada exquisitos… y como si fuera poco, la empleada que nos atendió portaba una cara de culo a toda prueba. Cuando salimos caminamos hasta el hotel y nos fuimos al sobre.

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