Camino a la Rana Gigante del lago Titicaca

No puedo olvidar esa tarde que fuimos caminando desde Copacabana hasta Sahuiña para contemplar la Rana Gigante en el “Observatorio Flotante del Lago Titicaca”… no puedo olvidar el brillo cambiante del sol en su tránsito por el cielo azul, ni las flores silvestres creciendo en la ribera solitaria del lago inmenso… no puedo olvidar la perrita que se nos unió en la larga marcha, que fueron horas y horas desde antes del mediodía hasta que literalmente se ocultó el sol; tampoco olvido la entrada en Sahuiña, mágica, ya en el avanzado crepúsculo, las callecitas y los botes, la iglesia naranja y vacía, la isla flotante bajo las primeras estrellas y la excelente guía que nos llevó remando hasta ver la rana… y en el medio, de todo: la maravilla troceada en pequeños fragmentos rebosantes de dicha: nubes gigantescas bajo una naturaleza de ensueño poblada del más puro silencio precolombino… es verdad que Bolivia se te mete en el alma para nunca más salir… pasan los meses –ya casi pasó un año desde estas fotos- y las ganas de regresar se van volviendo casi una necesidad. Una grata necesidad. Creo que las fotos muestran algo de lo que siente, lleno de nostalgia, mi corazón.

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