Adiós a Bolivia

Llegamos a La Paz desde Copacabana cerrando el mes de enero… y entramos en una letanía de inacción melancólica imposible de definir. Queríamos permanecer, desde luego, pero al mismo tiempo necesitábamos circular… tal vez esa necesidad de circulación tenga que ver más con la modernidad y con la sangre en el sistema que corre y recorre llevando la vida a cada rincón corporal, que con la metafísica y la verdadera necesidad. Esperamos uno, dos, tres, cuatro días… fuimos al cine, a beber tequila con locoto en Diesel, a cenar charque con papines, a fotografiar lo poco que quedaba para fotografiar… más tarde, decididos, nos hicimos del pasaje y muy muy tranquilos levantamos campamento. Creo que, en este punto, las palabras sobran.
Finalmente el itinerario se cerró: Buenos Aires, San Salvador de Jujuy, La Quiaca, Villazón, Tupiza, Potosí, Sucre, Tarabuco, Sucre, La Paz, Coroico, La Paz, Copacabana, La Paz, Villazón, Buenos Aires.
Y en cada sitio un fragmento del alma perdido por ahí.

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