Diez de Mar del Plata

Yo estaba convencido de que regresaríamos este invierno a Mar del Plata, pero no fué posible. Por lo tanto regreso ahora, mientras trabajo algunas de las imágenes que hice en el invierno del 2011… Recuerdo que ese mediodía salimos del departamento, nos subimos al bondi rumbo al puerto, atravesamos lo que queda de la reserva ecológica -el intendente Pulti se encargó de transformarla en una cancha de fútbol-, entramos en la playa justo detrás de los astilleros del puerto, en el comienzo de Punta Mogotes, y caminamos decenas de cuadras por la arena planchada y virgen y desierta, con el mar incansable a nuestra izquierda y el sur siempre al frente. En fin, soledad de pié, un frío de pureza, el agua helada en los tobillos, barcos muy rojos pescando a metros de la costa y levantando sus cargadas redes entre nubes de gaviotas, el sol tibio como una pequeña caricia, el silencio perfecto… no es verdad que es mudo el silencio, habla con la identidad del mar, del viento y del brillo de la estrella que lentamente cae y se apaga. Luego seguimos, como siempre, rumbo a más sur y más norte, rumbo a más calles y más viento y más estrellas. Mar del Plata: brilla en mi memoria, inacabada siempre, con un deseo que queda dichosamente insatisfecho… volveré.

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