¡Las fotos están movidas!

Si, así es, movidas… largas exposiciones sin nada que estabilice la imagen, movidas… cero trípode, cero monopié, cero intento a contrapelo del tembleque… al contrario, largos segundos de obturación cámara en mano justamente para que se muevan, sí, para que se muevan mucho, para que se muevan bien movidas… tan movidas y re movidas e híper movidas hasta llegar al punto en que dejen de parecer fotos y se mimeticen con la plástica, con la tela y con el óleo, con la acuarela, con el acrílico, con el expresionismo, con el puntillismo, con el dodecafonismo pictórico, con el transexualismo pictórico, con el polisexualismo pictórico, con las locas estrellas estrelladas de Vincent Van Gogh… tan movidas y re movidas con el sólo y único objetivo de escapar de la foto perfecta hecha con la cámara perfecta y con su programita perfecto de cagada… todo es perfecto en el siglo XXI: las señales, los sonidos, los cuerpos, la arquitectura, las curvas, las cirugías, los samples, las películas, la platita, los cortos, las recetas, las dietas, los artistas, las canciones, las posturas, las bebidas, las tomas, las instalaciones, los diseños, los discursos, los disfraces, las semillas, los mercados, las noticias, el consumo, los colores, las razones, los manifiestos, las mentiras, las verdades y los curros en nombre de la modernidad que aparece de la mano de las políticas de y para lo que sean… todo es taaan perfecto, taaan logrado, taaaaan desesperantemente aséptico y aburridamente parecido a todo lo demás… todo, sí,  todo menos éstas, mis queridas fotitos movidísimas.
O sea que ya sé que están movidas, gracias, y a mi me gustan así. Porque yo las veo y reveo en ellas lo que siento cuando observo el nuevo amanecer a través de mis ojos y de la ventanilla del 123, que atraviesa raudamente la ciudad rumbo a casa y al colchón, cuando veo al mundo regresando a la vida luego de una noche de juerga y de rock & roll absorbido por ósmosis directamente desde el escenario de las Cucarachas Radiactivas, que también están movidas y que tampoco se parecen a nada parecido, porque en la vida ningún día es igual al otro, ni el sol, ni Borges, ni una porción de pizza en Güerrín, ni el página 12, ni las calandrias, ni el campo, ni una lágrima, ni la punta de aquel cerro, ni el orgasmo ni mi chica. Nada es igual… todo es nuevo, recreado e irrepetiblemente recreado. Las fotos están movidas, si, no son perfectas.
Menos mal.

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