Lo que el 2013 se llevó

El 2013 quedó por fin atrás, y desde este hoy y ahora, primero de enero de 2014 a las 21:44, se encuentra ya tan inalcanzable como la era mesozoica. El año se fue con el vértigo de un polvo y se llevó en su mochila ejemplar el viaje a Bolivia… Villazón, Tupiza, Potosí, Sucre, Tarabuco, La Paz, Coroico y Copacabana; también se llevó miles de cuadras pateadas cámara en mano atravesando la ciudad, mi amada Buenos Aires, yendo y viniendo del CONSUDEC entre las dichosas melancolías del otoño, los vendavales helados del invierno, el florido renacimiento primaveral y el caldo insoportable del verano, hoy instalado como una olla a presión. Del mismo modo el año se llevó bien guardado el comienzo del ejercicio de la música electroacústica en los talleres de UNTREF, mientras se acumulaban las horas de estudio y se derrumbaba el equilibrio -tal vez lo mejor del año, o su mejor lección, esté contenida en esa palabra-… El año se llevó al mundillo de los recuerdos el viaje a Miramar, el heladísimo y fumadísimo viaje a Miramar, con Dieguito y con Simón y sus increíbles amigos; también el paso por Bragado y por Mechita -¡ese perro!, en el cual vuelve obligado desde ese pasado el recuerdo de las comidas en “Lo de Alberto” y la simple sencillez del “Sol Naciente”…
Y, como siempre, lo cotidiano, que es como el morrón en la salsa o como el orégano en la pizza: las pizzas, las fotos, mi chica –siempre presente en todo, mi amor, mi fueguito-, las lluvias, las películas, Santa María, los asados, las nubes, las pastas, El Fortín, los compañeros de estudio, las hamburguesas caseras, El Imperio, los tintos, la música, los mariscos, los viejos y la familia, los amigos, la mandolina, los moscateles helados, las sorpresas, Güerrín, los libros, los alumnos, las gratuidades, las noches y las ausencias, porque siempre pasa que alguien se va y no vuelve, porque tenemos esa mala costumbre los vivos, la mala costumbre de desaparecer……
En fin, elijo una foto del 2013 que ya no está ni volverá, y la elijo porque lo que me genera al verla y también al recordarla en carne y en ese día maravilloso es un claro ejemplo de plurivalencia, en este caso, plurivalencia emocional… la foto es en Coroico, Bolivia, el 24 de enero a las tres y media de la tarde: caminábamos rumbo a los vagantes bajo un cielo encapotado, rodeados de ese silencio lleno de vida -la sinfonía de los bichos bolivianos no tiene analogía en su delicada belleza- y de una brisa de ensueño, y cuando apareció esta casita, con ese color y ese fondo… en fin, Dios sabe cuales son todos los deseos que mi imaginación puede fabricar…
Besos a todos los que entran a leer, o a ver las fotos, o a lo que sea; este blog, que comenzó el 16 de agosto de 2011, ya entra con esta entrada, valga la redundancia, en el año 2014… bendiciones para todos y no se queden con las ganas que la vida se acaba.

año

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