Otra vez jueves vez otra

Si las lamentables teorías circulares de Friedrich Zarathustra fuesen realidad, yo estaría condenado a regresar, eternamente, a este día y a este lugar. Volvería a subir al tren en Caseros, volvería a escuchar a “Them Crooked Vultures” en el mp3, volvería a bajar en La Paternal para caminar hasta Lacroze todo alrededor del cementerio; de nuevo oscilaría entre entrar al “Imperio”, a “Santa María” o a “Angelin”, y de nuevo elegiría entrar al “Imperio”… pediría un moscatel helado otra vez, me clavaría una fugazetta rellena, me encontraría con Randolph Carter entre la birome y las páginas de mi cuaderno, y más tarde regresaría a casa repitiendo esa amplia hipérbole que tocaría, en los límites de su órbita, el Max Pato de Constituyentes y Albarellos. Y allí, Stella helada mediante, el azar me depararía el extraño encuentro con “la tercer Paula”, viuda de un Diego, madre de un Maximiliano y tanguera hasta la disolución del lenguaje -y de la mínima conexión con la realidad, yeah-. Y tal vez, pienso, no estaría tan mal volver a pasar por todo el asunto… especialmente porque la pizza estaba excelente, el moscatel pegaba re rico, Carter me elevó el espíritu, y la magia, sí, La Magia, apareció al final de la noche con toda su potencia demoledora y esencial.
Que se repita.

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