Imágenes de la desolación

“Mi alma está turbada… ¿y que diré?… Padre, sálvame de esta hora… pero para esto he venido a esta hora… Padre, glorifica tu nombre, y que sea tu voluntad”… Ésta puede ser una de las imágenes de la desolación, llegar al cruce de los caminos para descubrir que todo el amor que llega a esos caminos forma una cruz. Con clavos y con espinas. La vida nunca funciona como uno espera, ni siquiera uno mismo es lo que pretende ser; pero a nadie le gusta, por las puras, esa tenaza que aprieta y ahoga y duele… el dolor, mi amigo el dolor, diría Jim Morrison, y también lo diría San Francisco de Asís. Sin embargo la desolación no es sólo ese dolor, sino ese dolor mezclado con el sinsentido, si, el sinsentido del vivir. Mi vida es un sinsentido, mi muerte es un sinsentido, camino y mi caminar también lo es: un sinsentido solo e inexplicable. Y el amor es una cruz, cruz que redime, claro, pero que duele tanto que uno queda desnudo frente al caos. Hay Dios, lo sé, y creo en Él. Pero no me salva de la angustia de estar vivo. Y, como dijo el viejo, “el hombre olvida que es un muerto que conversa con muertos”... y, a veces, ni siquiera bastan las palabras…
Estoy encerrado en un domingo pleno de desolación. Así sea.

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