Noche de perros

Uno podría definir esa amistosa entrega como una gratuidad que trasciende la raza… basta salir a caminar por cualquier lugar en donde existan perros sueltos -en Europa no se consiguen- para que sucedan estos dichosos encuentros. Esa noche, en Villa Ventana, salimos a caminar y a hacer fotos luego de cenar, y caminando y caminando entre el silencio y bajo las estrellas, en una vuelta del camino aparecieron los dos: el rubio y el flaco; el rubio con su cercanía de pelo largo, y el flaco, más distante pero siempre adelante, vigilando el camino muy guardián, para que sus amigos humanos, o sea nosotros, transitaramos por esas calles, que son sus calles, sin contratiempos. Hubo una celosa y veloz corrida a un tercer can que osó asomar el hocico, y también una estratégica indiferencia ante una jauría atorranta que les presentó combate… resumen: nos hicieron reír mucho y, de tan simple y gratis, maravilloso. Finalmente nos acompañaron cuadras y cuadras hasta la puerta de casa, dando la vuelta a casi toda la comarca. Y bueno, se fueron nomas, moviendo apenas la cola y sin mirar mucho para atrás, como debe ser. Divinos.

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