De calles y preguntas que no puedo contestar

Salgo a caminar… puede ser cualquier día, sábado, lunes, feriado, mañana o noche; algunas veces me acompaña mi chica, otras no. Camino al azar, recorro la ciudad, empiezo eligiendo desde el lado de la emoción… que barrio, que calle del centro, que periferia; si luego regreso a casa sin más o si termino yendo a cenar; si voy cerca del tren, si ese tren es eléctrico o diésel, si el barrio es proletario, cheto, bohemio o raso, si necesito avenidas o empedrados, árboles, ruido o silencio. He salido a caminar, por necesidad, oculto debajo de un paraguas y de una lluvia torrencial. Setenta cuadras bajo la lluvia hasta que el sol asomó. He salido de madrugada, cuatro de la mañana, por no poder dormir. Una necesidad de asfalto solo. He insistido en sitios que me otorgan una dicha fácil, he evitado otros que invariablemente me derrumban. Busco y creo en fotografiar lo pequeño, lo volátil, lo esquivo, lo gratuito, lo sin valor comercial. Encuentro libertad en la gratuidad del arte callejero, lo experimento como revulsivo y necesario, vivo. El arte me parece más vivo cuando se hace por necesidad, una necesidad contraria a la mercantil. Camino por la ciudad completando un mapa, llenando espacios vacíos, intentando cambiar los ojos, girar la mirada, olvidarme quién es el que camina, quién es el que fotografía, cuál es la calle, la comuna, el distrito, el nombre propio de todas esas etiquetas. Ser libre en la apreciación. Como un turista, como un alienígena, como un bastardo totalmente despojado de su código de ADN y de su documento de identidad. A veces lo logro, otras no. Durante temporadas enteras camino fatigando mis tímpanos con el sonido ambiente… luego eso cambia y el caminar se vuelve musical, mp3 y auriculares en la sien. Stereolab, The Cure, Tame Impala, Suzanne Vega, The Doors. A veces semanas enteras con un sólo CD. En el fondo nunca llego a saber cuál es la necesidad de fotografiar un grafitti, una pared, una sombra, una puesta de sol. Tampoco entiendo cuál es el motivo de caminar tanto… setenta, cien, doscientas cuadras caminadas durante horas y horas de ruidos o de músicas vibrando en mis oídos… ¿porqué camino tanto?… ¿porqué siento que es tan vital?… y no me refiero al cuerpo, que me voy a morir como se mueren todos, me refiero a llevarme a mi mismo, ser mi propio medio de transporte y ver el mundo desde la velocidad del caminar, sólo dos piernas y el ritmo de mi caminar particular… es vital. Necesito ver la luna, Alfa del Centauro, Sirio, Júpiter, Saturno, la estrella de la tarde detrás de los rascacielos; necesito beber con mis pupilas las luces rojas de neón, las vidrieras mudas y blancas de medianoche, los tachos de basura volcados junto al cordón, las grandes avenidas vacías a esa hora en que invariablemente todos se fueron a dormir… lo necesito. Sé, y tal vez aquí haya una clave, que no tengo todo el tiempo del mundo… no digo que no sea eterno, eso no lo sé, digo que de acá me voy, o a otro lado o a la disolución total. Soy un testigo, pero no sé porque lo soy ni porqué me gusta. Es una necesidad serlo y hacerlo, el caminar y las fotos, tocar la guitarra y cantar, pero no entiendo el porqué. Ni creo que importe, después de todo.
Estas tomas son del último sábado, en Palermo, los lagos, avenida Lugones, la Costanera, Belgrano, cena árabe y cine trasnoche. Salimos a las tres de la tarde del sábado y regresamos a las cinco de la mañana del domingo; caminamos más de cinco horas sin parar y más horas aún de modo intermitente. No sabemos porqué caminamos tanto, pero lo hicimos. Regresamos llenos de vida y, también, sin ninguna explicación.

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 15a 16

17

Los comentarios están cerrados.