Trenes en la noche

Anduve todo el día revoloteando alrededor del tren, era esperable que me los cruzara de noche. Primero, en Villa del Parque, más tarde en Devoto y en Saenz Peña, Santos Lugares y Caseros, donde vivo. Los trenes pasando desde Retiro rumbo a Pilar, los trenes pasando desde Pilar rumbo a Retiro, los rápidos, nuevos, y los que sólo llegan y salen desde José C. Paz, viejitos, los que no tienen puertas eléctricas ni aire acondicionado, los que tienen estribos para sentarse y ver pasar las cosas. Los mismos estribos en donde me sentaba antes de la mayoría de edad. Tengo cuarenta y cuatro años, y amo el tren. Pero me gustan así: diesel, viejos y con estribos. Cuando era adolescente me colaba todo el día, de Caseros a Retiro y viceversa, y viajaba sentado allí, viendo pasar todas las cosas, aplacando la joven inquietud del espíritu. Hoy ya no te dejan sentarte ahí, dicen que es peligroso… claro que a las siete y media de la mañana es imposible que no te cuelgues ahí como una mona intentando llegar vivo al microcentro, pero entonces no hay problema con viajar en el estribo, aunque no es divertido, en ese caso. Cuando yo me sentaba ahí de pibe, hasta te dejaban fumar; y bueno, te sentías un duque, un protagonista de un film, un romántico lleno de ensueños echando humo hacia la ciudad que pasaba raudo frente a los ojos. Ahora ya no, ahora todo es light, y hay miedo a todos y a todas las cosas… la gente hasta tiene miedo del aceite de una porción de pizza. Por eso no te permiten hoy viajar sentado en el estribo, por miedo. Los trenes nuevos, los rápidos que llegan a Pilar, no traen estribos y llevan puertas eléctricas, automáticas. Estos trenes nuevos reemplazarán, finalmente, a los antiguos, a medida que vayan llegando, claro. Entonces estos trenes viejos con estribo, estos vagones tan peligrosos como románticos, serán sacados de circulación y terminarán como trastos viejos y olvidados oxidándose en un campo bajo la lluvia. Entonces ya no se si me gustarán tanto los trenes. Entonces, también, me sentiré un poco peor, más cerca de la muerte y con más ganas de irme de una vez por todas de un mundo que, transformado hasta lo irreconocible, ya no es el mío.

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