Nuevas deformidades en el bondi

Las deformidades fotográficas son, a veces, más reales que el foco certero, que la profundidad de campo exacta y la equilibrada composición. Son deformidades que, como metáforas, vibran en espejo con las almas que oscilan entre la paz y la desesperación, en el camino cierto y en la autopista, o en el pantano traicionero que va tragando los pies, las piernas, el sexo, el tórax, el agua y la nariz, la visión y, finalmente, regalando la triste muerte por ahogo. Las deformidades que suceden todo el tiempo entre las personas, entre las palabras y las ausencias, las soledades que no siempre son de pié porque se arrastran rumbo a un extraño paraíso de colores falsos o camino a esa avenida de cruz y dolores extremos que, paradojicamente, no termina en la disolución sino en el amor total, son las deformidades habituales, las de todos y de los días que nos tocan vivir. No se si es un valle de lágrimas, tal vez a veces sí lo es. Es un mundo deforme… bello y deforme, extraño y deforme, maravilloso y deforme, cruel y… deforme. Estas son en el 123, un día cualquiera de Marzo, rumbo a una pizza en el Imperio y a un moscatel helado…

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