Laguna y tormenta -reclusión en Lobos-

Llegamos el viernes en el tren bajo el sol del mediodía; almorzamos Locro en lo de Pinto, y entonces aparecieron las nubes. Altas, gordas, negras, llenas de agua. Más tarde el bondi nos dejó en la laguna y salimos a comprar esos ravioles lobeños rellenos de verdura, crema, queso azul y unos tubos de tinto. Pintó el ajedrez y la TV, las sillas en el balcón, el mate y un par de fasos, y arriba se fue armando la tormenta con precisión científica. La mañana del sábado, el café con leche y las medialunas, la luz plana del cielo gris, los imparables pajaritos, la caminata, los perros, la laguna, las fotografías… y la lluvia que comienza, una gota aquí, una gota allá, el clima extático, el tiempo detenido… tres gotas, cien gotas, un millón gotas y finalmente toneladas de agua cayendo desde el cielo encapotado entre rayos y centellas. Y ya no se detuvo.
El domingo dejamos chapoteando el agua y el barro y regresamos al pueblo para ver la final de fútbol, otra vez en lo de Pinto. Luego de la derrota la tristeza de no encontrar un bondi nos llevó a dormir en la terminal. Seis de la mañana hasta Navarro, y desde ahí 136 hasta Ramos Mejía, con el ganado del lunes rumbo a sus puestos de trabajo… un final para el suicidio.

1 2 3 4 5 6 8 7 9 10 12 11 13 14 15 17 16 18 21 19 20 23 24

Los comentarios están cerrados.