Espacios vacíos en el mapa neuronal

Buenos Aires, sábado, provincia: Desde Caseros, pasando por Ramos Mejía y Lomas del Mirador, y entrando en Capital Federal por las puertas del Cedrón. El mapa se llena con esos barrios semi proletarios otrora desconocidos y que ahora ya son una realidad mental, un dibujo y un recuerdo. Completar el mapa es arriesgado, chilla la radio y la TV, caminar es arriesgado, insiste; la vida se puede escapar inevitablemente a fuego de plomo mientras se vive la ciudad con esos ojos turisqueros que aparecen luego de cinco o seis horas de caminata. Lo sabemos. De todos modos la muerte llegará, entonces salimos igual con nuestros pequeños artefactos lumínicos y nos arrojamos al río del tiempo y al sostenido ejercicio de las piernas. Y entonces aparece la luz, y el sol, y el color y la forma. En el principio, la estrella en el cenit. Al final, antes de subir al 53 para regresar al hogar, la luna en su apogeo… doce horas completando un espacio vacío que dejó de ser la nada para ser.

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