Caminando hasta “Las Talas del Entrerriano”

Caseros, sábado por la tarde, pasando por Bosch, Billinghurst, San Martín, San Andrés, Ballester, Loma Hermosa, José León Suárez, parrilla. Seis horas de marcha ininterrumpida hasta las Talas del Entrerriano, con una previa de pilchas y de fotos. Y en la mente, al mismo tiempo que afuera el sol, los pajaritos y la brisa, esa triste preocupación que a esta altura ya parece eterna. Y aburrida. Todo lo que esa tarde fatigaba mis pensamientos ya está resuelto, para bien o para mal… los exámenes, las decisiones tomadas, los cambios que dejan, irremediablemente, cosas y personas fuera de la vida. Sin embargo mi mente se ha mudado otra vez… de preocupación. Mi mente salta de miedo en miedo como algunos hombres de puta en puta, y vale la analogía porque la mente lo es: una descarada prostituta que se acuesta con todos los miedos que flotan por ahí, disparados desde la radio y desde la TV y desde las preocupadas bocas de mis pares como dardos envenenados. Sin embargo esa noche nos esperaban unas ricas carnes y un par de botellitas de tinto. Y una ensalada de colectivos para volver a casa doce horas después de haber partido. En fin, nada sucedió, nada de lo que me preocupaba en ese pasado vio la luz. Sin embargo hoy, mientras escribo…

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