Justo a tiempo

Quedamos salir a las tres de la tarde. Nos íbamos a ir caminando desde casa, en Caseros, hasta lo de mi suegra, en Flores. Mi suegra festejaba su cumpleaños. Pero llegaron las tres y mi chica se retrasó. Y como suelo ser bastante rompebolas -siempre estoy apurado al pedo, lo legué de mi padre, que siempre suele estar muy apurado al pedo- a mi primer -bueno… ¿vamos?- mi chica, ejemplar, me cortó el mambo: -no, hoy es sábado, ¡no me apures!-… conclusión: seguí tocando la guitarra y luego me tiré un rato en la cama. Terminamos saliendo a las cuatro menos cuarto, yo con la sensación de que ya era muy tarde. Caminamos hasta Villa del Parque por la línea del San Martín bajo una constante amenaza de lluvia, luego doblamos a la derecha por Emilio Lamarca, pateamos unas diez cuadras y entonces pasamos a Concordia; llegando a Camarones vi el campanario de una iglesia -Santa Rita- y me entraron ganas de conocerla. Fuimos. Ni bien entramos en la nave central apareció un pelado trajeado de negro con una guitarra en la mano, secundado por una especie de peruano, también todo de negro; el peruano llevaba una caja entre los brazos… el pelado me miró y nos dijo: “-hay un concierto ahora… ¿quieren venir?, es gratis”. Fuimos, digamos que el concierto era en el backstage del templo. El guitarrista se sentó, nosotros nos sentamos, en total no había más de veinte personas. Y el tipo saludó y empezó a darle a las seis cuerdas. Un genio. Ariel López Saldívar. Hizo obras de Scarlatti, Tarrega, Albeniz, Villa Lobos, entre otros. Las oleadas de mi emoción eran tan salvajes que un par de veces tuve que reprimir el llanto. Y mientras escuchaba esa música con la fruición de una poción sonoro-espirituosa, no pude dejar de repetirme, como en trance: “No era tarde, no era tarde, salimos de casa justo a tiempo“. El tipo terminó e invitó al peruano, que era en realidad un japonés, Koji Hirata, a tocar con el. Y la caja resultó ser un bandoneón. En fin, fueron desde Piazzolla hasta Julián Plaza, pasando hasta por El Choclo. Magistral. Un concierto inesperado de nivel internacional solo por pasar por ahí, de casualidad y justo a tiempo. En fin, el concierto terminó y nos fuimos para lo de mi suegra. Llegamos a las ocho de la noche, una hora antes de lo acordado. La ayudamos con las mesas y los platos y las sillas y a eso de las nueve empezó a llegar la familia, en total quince personas. La cena empezó a las diez de la noche… en principio me pareció un poco tarde, pero no: empezó justo a tiempo, como todo.

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