Bariloche en siete imágenes

Regresar, a veces, es descubrir que no se puede regresar. Así me sucedió en Bariloche… olvidada tras el hormiguero humano ha quedado aquella Bariloche que conocí veinte años atrás; y si bien quedan rastros de aquello, ya no es. 
Hoy, que escribo invadido por la pena, quiero regresar a la última Bariloche que viví, y quiero hacerlo, de nuevo, con mi chica: llenar el termo, caminar por los barrios, sentir el viento fresco, tomar amargos en la playita, salir a cenar truchas, visitar bunkers derrumbados, beber cerveza, dormir abrazados, gozar el estar juntos… ¿que más puede uno pretender de esta, por sobre todo, volátil vida?
La gente se va y desaparece. Todos, con la debida cantidad de tiempo, abandonaremos la tierra. Esa es la regla.

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