La vida es otra cosa

Caminar un viernes es bastante distinto a caminar un domingo… hay más tránsito, más humos, más gente trabajando, más vehículos, más delirio, más polución, más negocios abiertos, más ruidos, más fábricas y obreros, más niños, luces, vértigos, vuelos, tiempos, cielos y pensamientos… y la emoción que de todo se apodera porque al otro día es sábado, o bien lo será esa misma noche con la salida de la primera estrella. Luego, lo de siempre: las sombras y la luz, el riesgo, las calles y los músculos, el no tiempo, ese que sucede cuando se olvida todo el triste asunto del reloj y de la meta. Y las imágenes que corresponden, siempre, a un momento único, con una luz única y una única oportunidad. De ese modo el caminar se convierte en algo increíblemente irrepetible e intransferible… claro que no todo el mundo necesita el caminar. Completar los espacios vacíos en el mapa de la razón -y en el geográfico, desde luego- no es para cualquiera. Aunque en realidad sí lo es: sólo se necesita quererlo, desearlo, anhelarlo, ponerle el pecho al viento y a la tormenta que emana  como un río desde el parlante de la radio y de la TV como una ponzoñosa tsunami construida con miedos y con maliciosas palabras. Y la vida, casi siempre, es otra cosa.

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 30 28 31 29 32 33

Los comentarios están cerrados.