Por la línea del Mitre el Viernes por la tarde

Salimos del nido a las dos de la tarde, subimos al 123 en la esquina de casa, calor, mucho calor; luego bajamos en General Paz y San Martín y pateamos, bordeando la colectora, hasta la línea del Mitre. Y desde ese punto caminamos derechito hasta el barrio de Belgrano-caserón de tejas. Belgrano, un barrio que los últimos años de la modernidad -la cuarta ola de la modernidad, diría Ravelstein- ha degradado hasta el punto de saturación. Tal vez los únicos lugares que permanecen como tales sean la capilla circular, la pizzería Burgio y las barrancas de Belgrano -el barrio chino también es un lugar, un bello lugar, en especial esos pequeños restaurantes multicolor en donde se puede disfrutar de un excelente kon-pao de cerdo, picantísimo, bien regado con, digamos, un Rincón Famoso tinto cosecha 2007, pero es un lugar descaradamente chino, excluído, por eso mismo, de la elitista memoria argenta local-. Luego todo se ha transformado en un no lugar. Uno, tomando un cafecito en el antiguo “Choice”, puede imaginarse estar en San Francisco o en Manhattan, o más claramente aún, en cualquier propaganda de coca cola de los últimos diez años. Muy desconsoladamente triste. En fin, atravesamos el fantasma del Belgrano de mis quince años, entre rebaños de consumidores desbocados, y en Federico Lacroze cambiamos el rumbo, esta vez a Chacarita; primero una cerveza en “Conde bar”, y luego la cena en “Gambrinus”. Y para terminar, el final de siempre: 123 frente al cemeterio hasta laesquina de casa, ducha fría, cama, libro, sueño, out.

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