La bicicleta, el verano, la noche

Llega la época de pedalear, de salir a recorrer la ciudad entre la brisa nocturna, escapando de la casa caliente, de los mosquitos y de las cucarachas que revolotean en el jardín. En este caso, Palomar, Ciudad Jardín, la placita del avión, plaza Plate, plaza Lodelpa y sus bellas callecitas circulares todo alrededor; también Palomar Oeste, liminar con Martín Coronado y más allá, hasta el extremo que llega al acceso Oeste, autopista, cemento armado, velocidad… tierra solitaria, estéril, militar. Pedalear en la noche es uno de los placeres gratuitos de la vida. Pedalear bajo las estrellas y la luna mientras se observan las ventanas iluminadas, esos universos nido, universos humanos, privados, que tanto emocionan en la previa al sueño y desde la visión del pedaleo. Tal vez sea peligroso pedalear de noche, no lo dudo, pero quisiera saber qué no lo es. Si hoy uno se muere en la bañera, en el supermercado del chino de la vuelta, en el bar, en el bondi o en el tren o en donde sea, porque la muerte siempre está agazapada esperando vaya a saber uno que señal. Y mientras llega la hora… a pedalear, amigos, cámara en mano. Que mañana sale el sol y hay que laburar o estudiar o morirse.

Comentarios

La bicicleta, el verano, la noche — 2 comentarios