La risa, la música, el amor… y la pizza nuestra de cada día

De acuerdo a mi extraña fe, es altamente probable que en la vida futura, si asciendo a un plano de mayor vibración, recuerde lo que sucedió aquí, en el plano del viento, del tacto, de los vicios, del sonido y del amor. Quiero añadir también: el plano del mar, del llanto, de la lluvia, del sexo, de la bicicleta… y del moscato, la pizza y la fainá. Que no tiene porqué ser despreciable esta tríada en abierta competencia con otras jerarquías harto culposas y aburridas de tan morales y dudosas. En fin, uno transita por la semana, de lunes a viernes, arrastrando el carro a cuestas con montañas de obligaciones y deberes que impiden, en cierto modo, el disfrute pleno del simplemente estar… y a veces es tan difícil, en el plano de la obligación, desengancharse de los putos objetivos, exámenes, trabajo, cuentas de teléfono, impuestos, invasiones de hormigas, noticias, cucarachas, cortes de luz, mosquitos y del despreciable piripipí del reloj, que se necesita un punto muerto, un stop en el continuo… un oasis que engañe, durante un ratito nada más, y que logre convencernos que de verdad existe un lugar donde recostar la cabeza, como las aves en sus nidos y los zorros en sus cuevas. Y, en general, esto sucede cuando se detiene la maquinaria: los fines de semana (un aplauso para los judíos, inventores del Sabbath, tal vez el mejor y más maravilloso invento de todos los tiempos… claro,  el más maravilloso invento de todos los tiempos para los pusilánimes como yo)

Este fin de año es mortal, no malo, pero tensionado… los últimos meses y sus obligaciones musicales del encuentro del Taller de Creación musical 1 de UNTREF, han logrado robarse uno de los dos días de descanso (el domingo es invento cristiano, necesario, pero casi tan zozobrante como el fatídico lunes)… y aún dicho taller sin una conclusión a la vista. Por eso es bienvenida la creatividad en la cocina mientras uno riega el sistema con un frío moscatito, picando una que otra aceituna rellena, amasando con cuatro ceros, escuchando rock a los palos, borrando los archivos temporales de la modernísima y esclavizante obligación y cantando a los gritos y a coro con la mujer amada, premio escencial, piedra fundamental, compañía vital que logra, al abrir los ojos, no optar por el suicidio mientras sube y sube el inexorable y deshumanizante sol postmoderno del lunes por la mañana.

Vuelvo al principio: cuando me vaya no extrañaré ni los premios, ni las metas, ni la cuenta bancaria, sino estas noches desiertas de preocupación y condenas, y plenas de significado; plenas en el perfecto abandono al momento presente, con la certeza del turista, con la extrañeza del amor y de la riqueza que logra habitar entre tanta pobreza. Porque este sigue siendo un mundo extraño… bello y patético, amoroso y tristísimo, profundo y demencial. Brindo por ello.

Comentarios

La risa, la música, el amor… y la pizza nuestra de cada día — 2 comentarios

  1. excellent post, very informative. I wonder why the other experts of this sector do not notice this. You must continue your writing. I am confident, you