¿Todo es para nada?

Hay una relación directa entre los aros de cebolla y las mangueras de látex que mantienen vivo a un ser humano en una cama de hospital. Y también entre el caminar, extenso caminar, y el torrente sanguíneo.
Tres empanadas de pollo, una gurú grafitti que no osa levantar la mirada del ombligo -o de la billetera-; el Papa sonriendo su mejor sonrisa de botón -¿no sabías?-; rosa-fucsia y un sueño travestido que casi nunca vio la luz. Propagandas prisión: la felicidad está en volar, claro… y ¿te ama? tu mamá que, con una bella sonrisa de pancarta, te inocula el veneno Coca-cola en tu pequeño cuerpito en desarrollo.
Y la sonrisa triste de mi amor.
Rimsky-Korsakov me mira desde la pared, alentándome con su libro de armonía para autodidactas; amor y revolución, aunque en idioma sajón; la ESMA en el medio de la tarde, pero eso ya pasó; alambrados, edificios, putas vendiendo espejitos de colores con olor a frambuesas plásticas con olor a vaginas plásticas de prepotente raza aria… consumo… líneas rectas y colores… paralelas… sombras.

Llega la noche.
Al final todo es para nada, dice el poeta, pero se hace igual porque… ¿todo es para nada?

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