Desde el jardín

Una depresión desencadenada por la falta de satisfacción en el casi imparable ejercicio de la hartura; un tristísimo displacer en la conexión ininterrumpida con una miríada de virtuales identidades fantasmales, y una necesidad de cambio rayana en la desesperación, inspiraron estas fotos… y, por supuesto, el arte de tapa -y los sonidos, también fantasmales, también desesperantes- de estos tres geniales vinilos de los Cure: Seventeen Seconds -1980-, Faith -1981- y Pornography -1982-, de donde procede la letra de esta loca canción:
Una mano en mi boca
Una vida se derrama dentro de las flores
Todos parecemos tan perfectos
Mientras caemos
En una mirada eléctrica
El hombre viejo se agrieta con la edad
Ella encontró su última foto
En las cenizas del fuego
Una imagen de la reina
Ecos alrededor de la sudorosa cama
Agrios sonidos amarillos dentro de mi cabeza
En libros
Y en películas
Y en la vida
Y en el cielo
El sonido de una matanza
Mientras tu cuerpo gira
Pero es demasiado tarde
Un día más como hoy
Y te mataré
Un deseo de carne
Y sangre verdadera
Y te miraré ahogarte en la ducha
Empujando mi vida a través de tus ojos abiertos
Debo combatir esta enfermedad
Encontrar una cura…
Tal vez Robert Smith ya sabía, treinta años antes, lo que nos sucedería hoy… el ojo detrás de una pantalla de video, el ojo detrás de una ventanilla que muestra indiferentes horrores indecibles, escenas escatológicas, escenas demenciales y desmedidas… Y también hoy, mientras sufrimos el tiempo de la modernidad patibular, las ideologías enmudecen vacías de contenido y certezas, salvo el contenido y la certeza de lo liminar y suicida, la certeza que se ahoga y se seca bajo el aplastante sol desértico y extremo. Indiferente estrella gigantesca y negra, alrededor de la cual orbita, como siempre, la eterna muerte. La implacable muerte. La estúpida muerte. La siempre esperada, temida y aburrida muerte.

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