Amigos en La Feliz

Katia ya había pasado un mes en casa, entre marzo y abril del 2011. Llegó directo de La Haya para estudiar nuestro idioma en la universidad de Buenos Aires. Luego de ese mes, se mudó a un hostel en el barrio del Once para estar más cerca de la facu y lograr llegar a horario. Nos siguió visitando muchas veces luego de haberse mudado, y llegado nuestro viaje a Mar del Plata en las vacaciones de invierno, se sumaron a ella desde Europa su hermana Nadia y Pierre, su padre, un antiguo amigo de mi mujer. Ese día, por la tarde, hicimos un asado en el parque Camet, una reunión bajo el sol tierno del invierno marplatense en la cual nada faltó: el vino, el asado, las fotos, las risas, el inglés chapucero, el chimi-churri potente, el fueguito y los cigarros y el humo de las brasas. Y la sensación, que fué de dicha, lo fué también de melancolía anticipada, porque uno sabe que esos seres en unas horas parten rumbo a su hogar en Holanda y seguramente los años mediarán largamente para concretar un futuro encuentro. Por la noche, en el bar de los bares, sobre avenida Colón y a media cuadra de la Plaza del Casino, nos tomamos todo. Finalmente, con mucho cariño y simplicidad, nos despedimos pasada largamente la medianoche en la calle fría y llena de sal, a pocos metros del mar. Inolvidable.

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