La triste disolución

Domingo, medio día.
Destino: un encuentro en la puerta de un hospital y una caminata.

La lluvia llega inesperada y, más tarde, el calor… debajo de los pies el piso se resbala y finalmente se cae.
Y la negra oscuridad que envuelve el espacio detrás de la ventana enmudece la dicha.
Hay días de luz y de frío, de vendaval y de temor… y hay otros que son de abandono, y de resistencia al abandono.
Las horas de resistencia al abandono, de lucha, de no querer entregarse a lo que es, son las más dolorosas de todas las horas.
Madres del dolor hasta la triste disolución.
Luego, sólo resta regresar.
O morir, claro.

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