Como Dave Bowman

A medida que el tiempo pasa, si es que pasa o fluye o no hay nada más que recuerdos, me siento un poco menos sólido, un poco más tranquilo, un poco más solo. Siento que no hay donde esconderse, ni escaparse, ni agarrarse. Entiendo, cada vez más, que “las aves tienen nidos y los zorros tienen cuevas, pero los hijos del hombre no encuentran un sitio donde recostar la cabeza”…
Las nuevas generaciones llegan con una euforia que el tiempo se encargará de limitar, y nosotros, los que permanecemos en la orilla, entendemos que de nada sirve acumular materia, que queda toda acá, en este incomprensible, extenso y solitario lado.
Creo en el Gran Viaje, y creo porque no lo sé ni lo puedo probar, y sé que viajaré, sí, a través de los eones inmedibles hacia algo que cerrará una pregunta que hoy es sin respuesta, que es el puto escozor de cada inhalación, de cada lágrima y de cada irremediable partida.
Lo he soñado: un túnel color rosa tan grande como el universo, rodeado de vientres maravillosamente fecundados, girando y girando y girando todo alrededor y a la velocidad de la luz… protodioses que esperamos para comenzar nuestro juego, o para continuarlo… protodioses como vos, como yo, como Hal 9000, o como Dave Bowman, regresando a casa con su nueva piel y su poder casi infinito.

dave

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