Una sucesión de soles rumbo al olvido total

Vivir es perder el tiempo. Perder el tiempo cocinando, perder el tiempo comiendo, perder el tiempo yendo a cagar. Perder el tiempo haciendo colas para garpar un impuesto, para inscribirse en dos materias de la universidad, cenando pizzas libres regadas con una sucesión de Stellas Artois. Perder el tiempo. Con el sexo, con el bondi, con la respiración, entre el humo espeso de un cigarro. Y con las fotos… perder el tiempo haciendo fotos.
Salimos muertos de aquí, y en pelotas. Quedará lo que escribimos, lo que grabamos, lo que fotografiamos. Y, con la debida cantidad de sucesiones solares, ni esto quedará.
Estamos condenados -y bendecidos- al olvido. .. he aquí la maravilla.
¿Para que vivimos?… para nada. ¿Para que vivimos?… ¿para perder el tiempo?
Sí.
Vivir es perder el tiempo. Por eso, vivir, es significado, valor, entrañable valor.
Y nada, absolutamente nada, importa realmente un carajo.

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