Mascota

Era muy joven –yo le doblaba la edad-.
Era hermosa,
rubia, judía, blanca,
y estaba totalmente loca.
La vi desde el escenario –yo tocaba la guitarra-,
ella aplaudía a rabiar y vitoreaba,
no me quitaba los ojos de encima.
Terminó el show,
guardé la guitarra, bajé del plató, la encaré.
Y nos fuimos juntos…
Ella, entonces, se encargó de mí:
me peinó,
me dio de comer,
me sacó a pasear
y me acostó en su cama.
Me mostró la música que le gustaba,
me leyó sus libros de Hesse,
me abrigó y me llevó a correr por la playa,
y me cantó canciones que guardaba en su pequeño corazón.
Un tiempo después,
acostumbrada a la novedad,
me dejó encerrado en casa
y se fue, de noche, de juerga con sus amigos.
Una noche,
dos noches,
tres.
La cuarta noche olvidó cerrar la puerta.
Entonces me escapé.

Mascota

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