Sombras, símbolos, cuerdas…

La música no es símbolo. Las sombras, permeables al sonido, se mezclan con las cuerdas, esas que reparan la inacción y la plegaria.
Rodeados por la infinitud, que es dentro y fuera y en todos lados, pretendemos el no miedo, que es acción… -la acción es, al movimiento, lo más alejado del ciego devenir-.
Perder la religión, organizada. Reconstruir la fe, volver al comienzo, aprender a esperar ese momento vital, ese gran acontecimiento, tal vez el supremo, que consiste en retornar al origen, a la vida, a la verdadera vida, lejos de lo material y tangible.
Momentáneamente permanecemos en el mundo de las sombras. Respiramos en el plano de la luz, que es espejo de La Luz.
Y la necesidad, que siempre es de libertad total, es la regla.
Mientras tanto, abundan las herramientas, los mecanismos de liberación.
Seis cuerdas y la máxima tensión.
Cuando el juglar duerma, cuando se disuelva el símbolo, entonces, y sólo entonces, reaparecerá el sentido.

1 3 4 2

Los comentarios están cerrados.