Patagonia en el recuerdo (invierno)

Entre los años 1993 y 1996 fortuitamente la patagonia me atrapó. Primero, un viaje de rutina a Villa la Angostura en el verano de 1993 -cuando todavía era un pequeño pueblito ignoto perdido en las montañas- me conectó, sin pretenderlo, con las siempre presentes posibilidades de esos lugares turísticos emergentes, y ya en el invierno del mismo año estaba encargado en un bar, el “refugio Isaías”, a los 1500 mts del Cerro Bayo, a doscientos metros de la silla central, al borde mismo de la salida del poma y en el descanso de la pista “18”, pasando por Gustavo y su escuela de snowboard. Lo más inolvidable: Andrés Cleaver, alias “Marley”, encargado de la cocina y desarrollando allí y con los mínimos recursos que el inhóspito clima impone, los platos más sabrosos e increíbles; y Jaime, nuestro amigo comodín… nunca vi un tipo laburar tanto en la vida. Podría, literalmente, escribir un libro con la historia de la profunda amistad de este trío reventado y liminar que nunca transó con la berreteada y superficial pelotudez del “hombre turisquero de montaña”-. Más allá de la experiencia de la tremenda cordillera y el frío y la nieve y el snowboard y el viento helado y la tormenta, la gente fué, lejos, lo más significativo de la experiencia. En las fotos un poco de todo: las montañas y las tablas, la nieve y los rostros queridos que se niegan a partir del archivo de la memoria.

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