Se puede ahogar

En la tristeza no se para de caer. Hacia dentro, hacia abajo… no hay fondo, siempre se puede descender un poco más. Un poco más oscuro, un poco más solitario, silencioso, detenido.
La desesperación anida por ahí, a la espera, con mudas garras de acero, a que uno se atreva un poco más abajo aún.
No se puede detener. No se puede comprar ni vender. No se puede utilizar mecánicamente. No se puede cocinar ni tragar ni escupir, como un Koan Sufí.
Se puede ahogar… veintenas de autopistas conectan con ese universo.
Respiración-electricidad-sexo-frío-oración-temblor-humo-duda-temor…
Genera adicción, necesidad, nuevas demandas.
Preocupa.
Lleva a un límite –la ausencia de pecado nunca llega hasta ese borde-.
En esa orilla, respira la verdadera oportunidad, el filo de la navaja, la opción entre la espada y la pared.
Se sale por el lado de la libertad, cuando se hace el cayo… saber esperar.
Entonces el deseo es la regla.
Y se es libre.

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