La visita de Allanah Starr

El timbre sonó a las once menos diez de la mañana. Hacía calor, mucho calor. Salté de la cama medio dormido, me saqué las medias negras y el solerito floreado y me calcé un jean, una remera y bajé corriendo a abrir la puerta.
Era Allanah Starr.
La invité a pasar, entró caminando muy despacio y se sentó en la mesa junto a la ventana, viendo todo alrededor con una sonrisa muy linda. Llevaba el pelo negro con flequillo hasta los ojos, rodete en la coronilla y largo por detrás. Una minifalda negra muy corta le enfundaba las anchas caderas. Stilettos dorados e infinitos en los pies, labios rojos, aros blancos y uñas muy rojas y muy largas. Una camisa de jean azul apenas le sostenía sus descomunales tetas plásticas, que parecían estar a punto de reventar.
-¿querés tomar unos mates, Allanah? le pregunté mientras encendía la hornalla y vaciaba el mate de la yerba vieja.
-¡dale! -me contestó -siempre quise probar el mate argentino-... y preguntó:
-¿puedo fumar?
-si, claro.
Abrió la cartera y de dentro de una cigarrera rosa sacó un gran porro, grueso como un dedo y largo como un lápiz… ese porro tendría por lo menos diez gramos de hierba.
Lo encendió, le dio un par de caladas largas y me lo pasó.
Fumé… una, dos, tres caladas, tiraba re rico ese porro, entraba derechito y en cantidad hasta los pulmones y sin embargo no daba tos. Estaba en la cuarta calada cuando empezó a pegar.
-este faso lo fabrican en el pentágono, -me dijo- lo alteran geneticamente para que pegue más y no pique en la garganta.
-como en “Belleza Americana” -le dije.
-bueno, yo soy americana, papi.
No le quise decir que yo también lo era para no contradecirla. Le pasé un mate, amargo… chupó la bombilla mirando el cielo raso y luego lo miró con gran detenimiento… y sin terminarlo me lo devolvió.
-chupalo hasta el final, Allanah -le dije-, hasta que haga ruidito.
Allanah chupó entonces hasta que hizo ruidito. Observé que ella no era como en las fotos, ni más linda ni menos linda, ni más culona ni menos tetona… era distinta.
Seguimos mateando y faseando, ya el tiempo detenido, el silencio alrededor como un pegamento suave y blando, los sonidos flotando como una alfombra persa con una reverberancia extraña que exaltaba cada particularidad sonora como si fuese única, como si cada sonido hubiese vibrado por primera vez desde la creación del mundo. Mientras tanto el mediodía de diciembre se acercaba tan inexorable y radiante como aumentaba el calor.
Charlamos largamente, le conté que era músico, que la conocía de la red, que amasaba pizzas muy buenas y que estaba casado. También le conté mi afición por las medias negras, la lectura y los soleros floreados. Allanah, que estaba radiante, asentía a mi verborragia con una leve oscilación de la cabeza, sin soltar su mirada de la mía.
-¿y tu mujer que dice?
-¿de que?
-de las medias.
-nada, Allanah, no dice nada.
-¿sabe?
-claro que sabe
-ah
Le mostré la casa y mis guitarras, subimos y bajamos y salimos al jardín. Nos sentamos bajo el pino y continuamos fumando y mateando. Al rato una paloma torcaza cagó desde una rama, justo sobre Allanah, una cagada blanca y negra que bajó chorreando exactamente entre sus tetazas.
Entonces nos reímos, nos reímos de la paloma y del pino y del excremento entre sus tetas, nos reímos durante media hora sintiendo que los labios se reían hasta las orejas, dolía la risa, nos reímos de dolor sin poder parar hasta llorar; luego Allanah se metió en el baño y yo entré para calentar el agua. Fué cuando salió que le pregunté:
-¿como es, Allanah?
¿como es que, papi?
-ser vos
-es hermoso y es terrible, es risible y es… muy sexy. A veces no creo ser yo y otras serlo es una calamidad y, sin embargo, no tiene ninguna importancia.
-¿y no te arrepentís?
-¿de que papi, si estoy entera?
-Claro… y las mujeres ¿no te gustan?
-sí que me gustan, pero hay un mínimo, un punto sin retorno, una raya que, si el deseo la sobrepasa, hay que hacer lo que hay que hacer, lo que yo hice y hago.
¿crees en Dios, Allanah?
-¡claro!, ¿vos no?
-si, yo también.
Entonces se acercó y me besó, en la boca. Un beso, dos, muy tierno y con la lengua y todo.
-¿Cogemos? -me dijo
-No Allanah… es un honor que me lo preguntes, desde que te vi en esa peli con el pelado en la silla de obstetricia me enamoré de vos, pero es un enamoramiento virtual ¿viste?… no voy a traicionar a mi mujer.
-haces bien -me contestó -parece una buena mujer
-si que lo es.
Caminó hasta la mesa meneando el culo gigante, agarró la cartera y sacó otro porrazo, que dejó sobre la mesa
-para que te lo fumes con tu chica -me dijo.
La acompañé hasta la puerta. Ahí me dio un pico, me agradeció los mates y me dijo:
-vine porque te vi que me veías… nosotros ya tenemos ese plugin en América.
-Ah -le contesté
Entonces Allanah cruzó Avenida Mitre con sus tacones infinitos y se tomó el 123 que va para Chacarita.

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