Una pizzería en el tiempo

Si mal no recuerdo comencé a ir a Santa María en la época del taller de Martín Marco, año 1991/92… en ese tiempo los neones verdosos en forma de flecha de la marquesina exterior “corrían” de punta a punta, de derecha e izquierda e ida y vuelta, frente a la parada del 123 que salía rumbo a Caseros, justo enfrente, también, del bar Gabi y de sus barcitos satélites, hoy tristemente exterminados por la política de “no lugares” de Nauricio Macri y su carroña de gobierno-moralina en la ciudad -que ya no es de todos-.
Estudiando piano en el Manuel de Falla, cuando aún funcionaba en el Teatro San Martín, pasaba por ahí a menudo… un vaso de moscatel a mi regreso y dos porciones de fugazetta rellena era lo habitual al mediodía, antes de rumbear para la ferretería y su fauna tornillera.
Otra época: los años del dúo “Camino al Mar”… cientos de veces he pasado luego de los ensayos en Villa Crespo, martes 22hs, o de dar conciertos en AMIA.
Y bueno, los años del final, que son los de hoy: el amor y tantas noches compartidas en sus mesas, bebiendo cerveza y moscatel helado hasta que levantan la última silla y nos invitan a partir.
Anoche fui solo, bebí moscato y comí una chica de muzza… ¿que puedo decir?… mi vida está entrelazada entre sus mesas, entre sus sillas, entre sus vasos y sus jarras de moscatel.
Mi vida, mi fuerza mercurial, está aquí.
Le deseo ¡salud!
Y que siga la pizza.

una pizzeria en el tiempo

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