Cien años de perdón

Entré en la casa de música y saqué un número. Al rato uno de los vendedores me llamó. Me acerqué:
-¿Que busca?- me preguntó.
-Hola, estoy buscando cuerdas para guitarra de concierto, Ernie Ball, tensión normal… ¿tenés?
-Sí, hay.
-¿Cuanto cuestan?
-A ver… cuestan ciento cincuenta pesos.
-Dámelas, y decíme cuanto cuesta un encordado 0,12 de la misma marca, para guitarra acústica.
-Cuestan un poco menos: ciento cuarenta y cuatro pesos.
-Dámelas también.
Me dio los dos encordados. Yo saqué trescientos pesos y se los alcancé, y éste se los alcanzó a la dueña del local, que estaba sentada en la caja. El empleado le dio los trescientos pesos y, equivocadamente, le dijo:
-Cobráte: son ciento cuarenta y cuatro pesos.
La dueña vio que eran tres billetes de cien, pero haciéndose la boluda los metió en la caja. Y me entregó, en mano, el vuelto de ciento cuarenta y cuatro pesos, seguramente sintiéndose feliz por haberme cagado cien pesos.
Y yo también me hice el boludo: guardé los dos encordados en el morral, los cincuenta y seis pesos de vuelto, saludé, me di media vuelta y me fui.

ernie

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