Y todo continúa

Como Melville persiguiendo su Gran Cachalote espectral: un montón de muerte, blanca muerte, muerte fantasma; un montón de riesgo, el ultimátum todo alrededor, debajo, arriba, detrás, en el fondo del fondo. Las estachas y los hierros girando y girando como serpientes enloquecidas y la terrible amenaza de hundimiento hasta las regiones sin sol, sin aire, sin brisa, nubes ni vientos… entonces llega la nostalgia: ¡ah!, ¡la nostalgia!, ¡que dulce dolor!…
Me arrastré hasta el 123, y me bajé en San Martín y General Paz, e hice ese recorrido… ¿2006?, si, 2006, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, nueve años, nueve giros completos del planeta alrededor del sol.
Pateando por ahí, por Nazca y Albarellos, por Mosconi y las vías del Urquiza, por los rieles del San Martín desde Villa del Parque hasta el oeste Caseros, caí en la cuenta de que estás en todos mis recuerdos. Y en los mejores, que son los últimos nueve años de recuerdos.
Este es mi mundo, mi lugar en el mundo. Y ahí estas vos.
Me voy a ir -¿quien no?-, y si es verdad que uno se lleva sólo lo que vivió lleno de dicha, entonces me voy en paz, sonriendo y lagrimeando.
Escuché la voz de Dios y no me di tiempo para acumular lo superfluo, aquello que el ladrón roba y el orín corroe y destruye.
Me di tiempo sólo para el amor, para la paciencia, para la nostalgia , la dicha y la pena.
Y para el arrepentimiento… ¿como no?, ¿como no reconocer la impotencia ante la propia estupidez?

Nadie está listo para partir, pero ese momento llega, inexorable, como llegó el día de hoy.
Y todo continúa.

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