Temblores

Cuando las mareas que arrasan el torrente se detienen y llega la calma chicha,
cuando la ballena deja el barco destrozado por detrás
y enfrenta, en su albina soledad, la inmensidad del Pacífico,
cuando sube la temperatura,  se detiene el tiempo, brota el agua de las napas,
sonríe tu sonrisa, aúllan los mosquitos… llega la noche.
Entonces los astros y las sombras, y el recuerdo de una noche que, como todas,
ya no está.
No hay mañana ni ayer.
Hay hoy. Siempre es hoy.
La muerte es hoy… el pensamiento, el dolor y la pena, la calurienta tempestad, pedalear la bicicleta, escribir, llorar, reír… y olvidar.
La tensión, la única posible, vive agazapada entre las zarzas de esa fe de maestras de escuela que reza:
“El tiempo se divide en pasado, presente y futuro”.
No hay tal fe.
Hay hoy… todo lo que sucede sucede hoy… y ni siquiera hoy.
Sucede ahora.

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